La última cena es el último (y único) acto de libertad que se le concede en USA a los prisioneros que van a ser ejecutados al día siguiente. Esa noche, los condenados a muerte pueden solicitar cualquier cosa que se les antoje y las autoridades están obligadas a concedérselo. Es un momento cargado de simbolismo y en el que muchos aseguran que se puede comprobar la verdadera personalidad del preso (no sé si también se trasluce la culpabilidad o el arrepentimiento).
Contrariamente a lo que puede llegar a creerse, Dead Man Eating nos demuestra, a través de un amplio listado menús solicitados por condenados a muerte de, que las elecciones para esta última degustación distan mucho de ser ostentosas o sofisticadas, sino más bien comidas simples y sencillas vinculadas a algún tipo recuerdo.
Por su parte, James Reynolds ha recreado fotográficamente una serie de “last suppers” que más le llamaron la atención.



